Realizar la libertad para todos es el fin más raro que pueda ambicionar un régimen político; Tocqueville nos enseña que es, además, el más difícil de realizar y mantener. La igualdad de condiciones es un fenómeno histórico que será continuo y está destinado a expandirse por el mundo. El debe acompañarse de una voluntad política que tenga a la libertad como meta, que haga de modo tal que la igualación de condiciones conduzca a la libertad de todos y no al sometimiento de todos. La democracia no debe ser un régimen de servidumbre voluntaria. Para evita sucumbir a esta tentación, que emana de la democracia misma, es necesario que la “pasión de la libertad” combata “la pasión de la igualdad”. La democracia no es solamente un régimen, es una manera de vivir y de organizar el destino de la sociedad. Ella es, tal vez, el destino de todas las sociedades del mundo. Pero ella debe preservarse de sí misma cultivando el gusto por la libertad. Hay que llevar a cabo la apuesta más difícil: que la libertad personal se realice como un valor público para la colectividad; ella debe ser la fuente de iniciativa, de movimiento, de vitalidad, de inventiva y de esfuerzo. Las sociedades modernas deben encontrar su reposo en el movimiento.
“No puede hablarse seriamente de un Estado Social democrático a partir de la indigencia y de la ignorancia”
http://youtu.be/DIDg9oCW5co
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